lunes, 1 de agosto de 2011

Mes de la Solidaridad


Hoy, 1 de agosto, comienza el Mes de la Solidaridad que promueve la Junta Arquidiocesana de Educación Católica de Córdoba, pudiendo ingresar a la página haciendo clic acá.

La Solidaridad es uno de los valores humanos por excelencia, el que se despierta cuando un otro significativo (mis familiares, afectos, prójimo en general) requiere de nuestra atención y buenos sentimientos para salir adelante.
Ser solidario es poder ponerse en el lugar de los otros, en el lugar de los más pobres, en el lugar de los que sufren y ver concretamente qué puede hacer uno por ellos. La solidaridad es una acción que le permite al ser humano mantener y mantenerse en su naturaleza de ser social
En conmemoración del nacimiento de la Madre Teresa de Calcuta, cuyo trabajo y ejemplo fue trascendental para la humanidad, se celebra el 26 de agosto el Día de la Solidaridad.

Cáritas Córdoba junto a las comunidades parroquiales y educativas, al COMIPAZ, las Universidades, ONGs, empresas y sindicatos invitan a participar, vivir y festejar este mes de la Solidaridad bajo el lema: “Encontrá tu forma de ayudar” y particularmente el 26 de agosto a realizar un cambio de actividad en las escuelas, de manera que en cada asignatura se planteen actividades donde se relacione lo que se enseña con el valor de la solidaridad.

El Mes de la Solidaridad busca fomentar actitudes y acciones solidarias en todos los niveles de la sociedad, y un ámbito privilegiado para su puesta en práctica es la escuela, donde la solidaridad deberá ser especialmente estos días el motor y fin de las actividades de la comunidad escolar.



Dos grandes Beatos de nuestro tiempo se expresan sobe la solidaridad:


"La solidaridad no es un sentimiento superficial por los males de tantas personas cercanas o lejanas. Al contrario es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, el bien de todos y cada uno para que todos seamos realmente responsables de todos”
Juan Pablo II


“En otra ocasión, un señor vino a nuestra casa y me dijo: “Hay una familia hindú con unos ocho hijos que llevan mucho tiempo sin probar bocado.”
Tomé al instante algún arroz para aquella noche y acudí con él a aquella familia. Pude ver dibujada la imagen del hambre en aquellos pequeños rostros de niños que semejaban esqueletos humanos.
A pesar de ello, la madre tuvo el valor de dividir en dos raciones el arroz que les había llevado. Y salió.
A la vuelta le pregunté: “¿A dónde ha ido? ¿Qué ha hecho?”
Me contestó: “También ellos tienen hambre.”
¿Quiénes eran ellos?
Una familia musulmana que vivía enfrente y con el mismo número de hijos.
Ella sabía que tenían hambre.
Lo que me estremeció más fue que ella sabía y, porque sabía, dio hasta el desgarro.
¡Esto es algo muy hermoso! ¡Esto es amor de hechos!
Aquella mujer dio con sacrificio.
No quise llevarles más arroz aquella noche porque quise que gustasen la alegría de dar, de compartir.
¡Tendrían que haber visto ustedes los rostros de aquellos pequeñuelos!
Comprendieron inmediatamente lo que su madre había realizado.
Sus ojos brillaban con la sonrisa.
Cuando llegué, aparecían llenos de hambre. Tristes.
Pero el gesto de su madre les había enseñado en qué consiste el verdadero amor.
¡Esto es lo más grande de los pobres!
Teresa de Calcuta


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