lunes, 29 de agosto de 2011

Construyamos una sociedad sana y digna

Por estos días se ha suscitado nuevamente el debate en torno a los distintos juegos de azar y otros mecanismos como los llamados máquinas tragamonedas.

Como Pastoral Social de la Iglesia de Córdoba en consonancia al sentir de la Iglesia Católica en Argentina, deseamos pronunciar una vez más nuestro aporte a la sociedad y expresar lo nocivo que puede transformarse el juego de azar y tragamonedas en la vida de nuestros conciudadanos, y en ellos, de nuestras familias.

Como lo expresamos en distintas reflexiones junto a los obispos en Argentina hemos  señalado con preocupación que en todo el país se ha multiplicado la oferta del juego de azar, lo cual puede favorecer actitudes adictivas. Nos referimos en estas reflexiones al juego como estructura lucrativa, sea privada o estatal, con sus diferencias según el caso.

Vemos cómo han proliferado los casinos, los bingos, unidos al fabuloso negocio de las máquinas tragamonedas, aun en cercanías a barrios pobres. También se han sobre multiplicado las cuantiosas ofertas de juegos de apuestas en locales de lotería. Asimismo, el fenómeno de las nuevas tecnologías, como Internet, hace emerger nuevas y cada vez más masivas formas de juego.

Es importante hablar sin eufemismos. El juego de azar es un negocio que mueve gran cantidad de dinero para beneficio de unos pocos en detrimento de muchos, especialmente de los más pobres.

Además, creemos que el Estado debe garantizar la protección integral de la familia. Quien se apasiona en el juego puede arriesgar y perder aquello que pertenece también a su cónyuge y sus hijos. Es una acción que daña la comunión familiar, y lleva muchas veces a discusiones, reproches y peleas. Cuando la situación se torna incontrolable, aparecen las conductas adictivas. La ludopatía es una enfermedad emocional de naturaleza progresiva. Quien padece esta patología suele tener baja estima de sí mismo. Desde esta perspectiva hay una raíz común con otras adicciones.

Se debe distinguir claramente entre las actividades lúdicas, como son la recreación, el deporte y el esparcimiento, de la perniciosa influencia de  los juegos de azar, en especial los que se brindan en los casinos, que además de facilitar la adicción patológica al juego, afectan especialmente a las familias más pobres, que ven allí la solución mágica a sus problemas económicos y afectan a los jóvenes que son atrapados por el egoísmo de un juego esencialmente individualista y  que atenta contra la cultura del trabajo y contra la solidaridad.

Pero, como en muchas otras cuestiones que afectan a la sociedad, a las familias, a los jóvenes y particularmente a los más pobres, la Pastoral Social  cree que es con la educación desde la escuela y el hogar, y desde el ejemplo de los gobernantes que se logrará evitar el fomento de este tipo de  actividad que no tiene como finalidad acrecentar el aspecto lúdico del hombre y la comunidad, sino asegurar ganancias fáciles y sin riesgo a las empresas que la propician.

Es fundamental alentar las actividades deportivas para jóvenes y niños, la construcción y operación de centros comunitarios en los barrios para que  sean utilizados como mecanismos de contención e incorporación de la gente al disfrute de la música, el teatro, el cine, los juegos y toda forma de arte, así como la participación activa y comunitaria en capillas y centros religiosos, aportando el componente espiritual. Estos espacios son más eficaces y sustentables para alcanzar el objetivo de dignificación del ser humano que las más simples y muchas veces inoperantes prohibiciones.

Creemos en la creatividad y la mirada puesta en el Bien Común de todos nosotros como ciudadanos y constructores de una sociedad más justa y saludable. Creemos que no buscamos caminos ni respuestas mágicas a los desafíos sociales frente a la pobreza y exclusión, todo lo contrario, sabemos que con educación y trabajo se construye una sociedad sana y digna.

PASTORAL SOCIAL ARQUIDIOCESANA.
IGLESIA CATÓLICA EN CÓRDOBA.

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