No una vida, sino dos

Atento a la reciente resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación a favor de la no penalización del aborto por violación en la interpretación del artículo 86 del código penal, el Arzobispo de Córdoba, Mons. Carlos José Ñáñez, quiere expresar su total  coincidencia con lo manifestado por la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina en su documento: “No una vida, sino dos”, del 18 de agosto de 2011, en donde se expresó claramente a favor de la vida señalando “…cuando una mujer está embarazada, no hablamos de una vida sino de dos, la de la madre y la de su hijo o hija en gestación. Ambas deben ser preservadas y respetadas. La biología manifiesta de modo contundente a través del ADN, con la secuenciación del genoma humano, que desde el momento de la concepción existe una nueva vida humana que ha de ser tutelada jurídicamente. El derecho a la vida es el derecho humano fundamental”.

“Deseamos escuchar, acompañar y comprender cada situación, procurando que todos los actores sociales seamos corresponsables en el cuidado de la vida, para que tanto el niño como la madre sean respetados sin caer en falsas opciones. El aborto nunca es una solución.”

Córdoba, 14 de Marzo de 2012 

Ejercicios "Espiritualidad para el siglo XXI"

Los EJERCICIOS ESPIRITUALES...

“(Son) siempre un remedio eficaz para el mal del hombre moderno, arrastrado por el torbellino de las vicisitudes humanas a vivir fuera de sí, excesivamente absorbido por las cosas exteriores; (son) fragua de hombres nuevos, de cristianos auténticos, de apóstoles comprometidos” (Beato Juan Pablo II, 16-XII-79).

“(Son) una fuerte experiencia de Dios, suscitada por la escucha de su Palabra, comprendida y acogida en la propia vida personal, bajo la acción del Espíritu Santo, que, en un clima de silencio, de oración, y con la mediación de un guía espiritual, ofrece capacidad de discernimiento para purificar el corazón, convertir la vida, seguir a Cristo y cumplir la propia misión en la Iglesia y en el mundo” (Benedicto XVI, 2-IX-08).

Encuentro Pastoral 2012 del Arzobispado de Córdoba

Este primer encuentro del año se realizó ayer sábado 10 de marzo de 2012 en el colegio de las Hermanas Concepcionistas de la ciudad de Córdoba.

En un clima de fraternidad y comunión que caracteriza estos encuentros pastorales que se realizan en el comienzo de cada año; participaron cerca de 1300 agentes pastorales representando a las distintas comunidades de la Arquidiócesis de Córdoba. Sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos, educadores, hermanos y hermanas de distintos carismas y comunidades con el propósito de “Profundizar en la comprensión y espiritualidad de la programación pastoral 2012; y celebrar al Dios de la Vida que se compromete en la historia humana y nos invita a tomar parte gustando de este compromiso”.

A las 8.30 se hizo la presentación y bienvenida, media hora después se vivió un rico momento de oración inicial y a continuación las palabras de Mons. Carlos Ñáñez que dieron marco al encuentro.

A las 9.35 el P. Eduardo Casas asesor de la Junta Arquidiocesana de Educación Católica de Córdoba estuvo a cargo de la iluminación: "El Pan del Compromiso".

De 10 a 12 horas los grupos (20 de jóvenes y 40 de adultos), reflexionaron animados por el espíritu de “Gustar al Dios de la Alianza, que empecinadamente renueva su Promesa de Vida abundante y nos invita a tomar parte, a sumarnos en la construcción de la Patria, la Familia, el Pueblo de Dios”.

Los aportes se compartieron online con todos los participantes por la página del Arzobispado de Córdoba www.arzobispadocba.org.ar  (los adultos), y por Facebook desde el perfil “Una Promesa que Contagia” con pistas de los jóvenes acerca de cómo y desde dónde podemos sumarnos positivamente en la construcción de la Patria, la familia, el Pueblo de Dios.

A las 12.20 se compartió un intenso momento de oración en torno a la adoración de la eucaristía, momento que los participantes piden que se repita cada año, y finalmente la despedida.

El pan del compromiso


Por Pbro. Eduardo Casas 
(extracto)

Compromiso es una palabra formada de palabras con una riqueza plural de significados: alude a la dinámica anticipativa del tiempo que sueña con el futuro, la promesa que se pronuncia como un juramento a cumplirse y el envío hacia un destino con el propósito de que llegue a realizarse.

Si la palabra compromiso contiene el vocablo promesa, entonces, compromiso es tener en cuenta la “promesa-con” otra u otras personas o con algo. La promesa es necesario que sea compartida para que pueda realizarse. Es un deseo, un anhelo, un sueño en común. Tiene algo dado y algo por darse; algo presente y algo futuro; ahora y mañana. El compromiso es lo que transforma una promesa en realidad.

Hay varios pasajes del Evangelio que pueden darnos pautas del proceso que implica, interior y exteriormente, empatizar con las situaciones ajenas, identificarse con ellas y comprometerse. Por ejemplo, casi todas las curaciones que aparecen en el Evangelio revelan sentimientos, actitudes y gestos de Jesús que nos ilustran al respecto. Podemos recordar la curación de los leprosos (Lc 17, 11-19), la curación del paralítico (Mt. 9, 1-8; Mc 2, 1-12; Jn 5, 1-16); la del ciego de nacimiento (Jn 9, 1-41), la de Bartimeo (Mc 10, 46-52; Lc 18, 35-43), etc.

Hay otros pasajes –que no son milagros–  y que igualmente muestran situaciones cotidianas de necesidades, carencias o límites. Por ejemplo, el teto de Mt. 25, 31-46 con el cual Jesús se identifica con los más vulnerables (el que tiene hambre, sed, está desnudo, enfermo o preso) y el buen samaritano que manifiesta toda una pedagogía de compromiso solidario con el discriminado (Lc 10, 25-37).

Incluso hay pasajes que entrañan enseñanzas al respecto, como la parábola del hijo pródigo donde el padre expresa un compromiso de identificación con cada uno de sus dos hijos, bien distintos (Lc 15, 11-32).

De todos los pasajes del Evangelio, me detendré en el texto de la multiplicación de los panes según la versión del Evangelio de Maros 6, 34-44.

“Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella porque eran como ovejas sin pastor y estuvo enseñándoles largo rato. Como se había hecho tarde, sus discípulos se acercaron y le dijeron: este es un lugar desierto y ya es muy tarde. Despide a la gente para que vaya a las poblaciones cercanas a comprar algo para comer. Él respondió: denles de comer ustedes mismos. Ellos le dijeron: habría que comprar pan por valor de doscientos denarios para dar de comer a todos. Jesús preguntó: ¿cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver. Después de averiguarlo dijeron: cinco panes y dos pescados. Él les ordenó que hicieran sentar a todos en grupos sobre la hierba verde y la gente se sentó en grupos  de cien y de cincuenta. Entonces Él tomó los cinco panes y los dos pescados y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. También repartió los dos pescados entre la gente. Todos comieron hasta saciarse y se recogieron doce canastas llenas de sobras de pan y de restos de pescado. Los que comieron eran cinco mil hombres”.

Los discípulos –con un sentido de realidad–  le advierten a Jesús que están en medio de un lugar inhóspito. Jesús les da entonces a los discípulos una orden prácticamente imposible, sugiriéndoles que no resuelvan la situación despidiendo a la gente, no haciéndose cargo, no tomando parte de la necesidad que advierten. Nada se soluciona con el descompromiso, al contrario, se agudiza más. Si algo s puede hacer, por poco que fuere, hay que intervenir. Aunque sea poco, es mejor que la indiferencia o dejar que los otros lo resuelvan por sí mismos cuando no pueden o no tienen los medios para hacerlo.

Sólo cuando los discípulos han asumido lo que pueden hacer por los demás, aunque sea poco o nada, Él toma la iniciativa. Le basta sólo esa mínima disposición. El primer compromiso se genera primero en la actitud interior, no en los medios exteriores. Antes del milagro de la multiplicación visible está el milagro de la multiplicación invisible. Antes que los panes, se multiplican las disposiciones de los discípulos a colaborar.

A Dios no le importa lo que tenemos o dejamos de tener, le interesa nuestra disposición en relación a eso que tenemos, sea mucho o poco. Dios puede obrar sólo cuando hay entrega. Se puede tener muy poco –que si lo entregamos– se multiplica. Se puede, en cambio, tener mucho. Si lo guardamos, no sólo que no se multiplica sino que se pierde. Lo que no se entrega, no se multiplica. Ni siquiera se conserva o permanece, simplemente se pierde. Tal es la dinámica del don. Dios obra cuando el hombre se dispone, más allá del alcance de sus medios…

Las carencias humanas son también posibilidades de Dios, si las entregamos a Él. No hay que ver lo que nos falta, lo que queda, lo que no hay, lo que no somos o tenemos, lo que esperamos y no conseguimos, lo que deseamos y no alcanzamos. Hay que actuar los deseos y los sueños como si se hubieran cumplido para poder así realizarlos. Es preciso descubrir el potencial concentrado y la energía contenida en cada límite, desentrañar la fuerza irresistible de esperanza que genera toda carencia.

No todo está mal, ni perdido, ni ensombrecido. La familia, la patria y el pueblo de Dios necesitan una esperanza realista capaz de contemplar que la gracia de Dios renace con mayor fuerza a partir de cada “si” humano, de cada pequeña y callada fidelidad. En todas las realidades de estrecheces humanas germina una promesa renovada, un don que quiere volver a brillar, una fuerza que se alimenta de vida que crece y se expande. Dios continúa –de muchas insospechadas maneras–  multiplicando panes, pescados y milagros a partir de límites humanos. Sólo para quien lo desea, un límite es capaz de serlo. El límite está en nosotros, no en la realidad. Para Dios no hay imposibles: Él actúa no “a pesar de” nuestros impedimentos, obstáculos, necesidades y carencias, sino “en razón de” todo eso. Sólo espera que nosotros hagamos nuestra parte: entreguemos nuestra pobreza. Él nos devuelve su riqueza multiplicada en nuestra entrega. Sólo así el límite se transfigura, queda superado y transformado.

Nosotros, a menudo somos testigos de las necesidades de los demás. Generalmente son muchas y los recursos escasos. Al contemplar la realidad que nos supera, tomando conciencia de nuestros mínimos alcances, es preciso ser ayuda dócil, humilde y sencilla, para que el Señor siga multiplicando lo poco que tenemos entre manos. No importa si es poco o es mucho. Para Dios no valen las “cantidades” sino las “docilidades”. El obrar de Dios multiplica según su medida y no la nuestra.

Todos podemos dar y recibir, sentir y compartir. Si ocurre esto, se habrá producido en nosotros lo más profundo del milagro de Jesús. No hay que anhelar soluciones mágicas, ni asumir posturas triunfalistas o populistas. No hay que esperar pasivamente. La providencia de Dios nos hace protagonistas. No debemos seguir alimentando derrotismo, queja, desesperanza e impulsos de muerte. No hay que ser ni víctimas, ni cómplices, ni indiferentes con las situaciones de carencia ajena. Si tomamos una actitud proactiva, Dios será siempre providente. Él es el que provee, el que “ve por” nosotros, el que vela, asiste, protege y cuida. La providencia no es tener un Dios facilista, una “varita mágica”.

Para Dios nada hay imposible si nosotros hacemos lo posible. No importa que las necesidades sean muchas y nuestras posibilidades limitadas. Dios siempre obra, aunque no sepamos cómo. Nunca se queda ajeno, lejano, desentendido o ausente. La providencia de Dios no remplaza la responsabilidad humana y su compromiso, al contrario, supone su cooperación. No sustituye lo que nosotros podemos y debemos hacer. Dios obra cuando nosotros obramos. El compromiso es una construcción porque el don de la vida es una tarea. Cuando poneos nuestra parte, Dios pone la de Él.

En la realidad de la familia, la patria y el pueblo de Dios a la que estamos llamados a comprometernos, Dios pone allí su promesa, aquí y ahora, como una semilla fecunda a partir de nuestra disponibilidad. Esa promesa se abre camino, se ensancha en cada límite, el cual más que obstáculo es estímulo, más que dificultad es desafío, más que problema que se cierra, volviéndose sobre sí mismo, es horizonte que se abre.

Pidamos al Señor – “Pan de Vida” – nos conceda multiplicado el pan del compromiso, verdadero alimento. Hagamos la siguiente oración:

Señor Jesús, tú nos compartes tu corazón compasivo, nos abres la mirada hacia las necesidades de los que nos acompañan en el camino.
Yo también soy un peregrino de este viaje. Tengo poco para poner en bien de los otros. Sin embargo, quiero entregarlo porque otros los necesitan y tú puedes multiplicarlo. Mi pobreza desea convertirse en una señal de tu abundancia. Mi escasez y carencia quieren transformarse en tu milagro. Sólo basta que yo lo permita, poniéndome como un simple instrumento en tus manos. Señor, multiplica –desde mis carencias– la plenitud de tus signos calmando las necesidades de los demás. Que yo también sea pan multiplicado. Que los dones que me confiaste colmen el hambre de mis hermanos. Que mis límites sean las fronteras donde sigas manifestando, sin cansarte nunca, tu continua abundancia.
¡Gracias Señor! Amén.

Evangelio del Domingo 3° de Cuaresma

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado». Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará.
Los judíos entonces le replicaron diciéndole: «Qué señal nos muestras para obrar así?». Jesús les respondió: «Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré». Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero Él hablaba del Santuario de su cuerpo. Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.
Mientras estuvo en Jerusalén, por la fiesta de la Pascua, creyeron muchos en su nombre al ver las señales que realizaba. Pero Jesús no se confiaba a ellos porque los conocía a todos y no tenía necesidad de que se le diera testimonio acerca de los hombres, pues Él conocía lo que hay en el hombre.
(Jn 2,13-25)

De la mano de María

Cuando uno se acerca a un niño que no conoce, se da cuenta que es mucho más fácil acceder a él, a través de su mamá. Cualquier gesto que queramos hacerle, si primero se lo hacemos a la mamá, él entenderá que también puede recibirlo, como lo hizo mamá.

Cuando nos disponemos a entrar en diálogo con Dios, es bueno hacerlo de manos de la Virgen, y ver en ella lo que él quiere hacer en nosotros. Ver cómo María se deja hablar, invitar, bendecir, habitar por el amor con quien dialoga. Ver cómo escucha, cómo celebra, cómo calla, cómo pregunta.

Una vez que el verla a ella, nos ayudó a confiar en la palabra y la mano de Dios que quieren tocar nuestra vida, dejamos que así sea.

María como buena mamá, sabrá despejar los miedos que la proximidad de Dios, a veces nos trae.

Javier Albisu sj

Explicaciones de la Cuaresma

A - CUARENTA DÍAS DE TRABAJO

1. Cuaresma significa "cuarenta" y se aplica a los 40 días de intensa preparación a la fiesta de PASCUA.
2. Jesús se retiró durante 40 días. Moisés aguardó 40 días antes de subir al Sinaí. Elías caminó durante 40 días hacia el Horeb. Y la marcha de los judíos por el desierto duró 40 años.
3. "40" es pues, un número simbólico que expresa víspera, "preparación" intensa de algo importantísimo que, para nosotros, es la PASCUA
4. No se entiende la Cuaresma si no es en función de la PASCUA.
5. El tiempo de Cuaresma empieza el Miércoles de Ceniza y acaba el Jueves Santo de la Cena del Señor. En ese período no se canta el "Aleluya" ni se recita el "Gloria".
6. En los primeros tiempos, la Cuaresma era un período de preparación intensiva al Bautismo, que se celebra en la noche de Pascua.
7. El ser bautizado exige una coherencia y un cambio de mentalidad.

B - TIEMPO DE CAMBIO

1. El Miércoles de Ceniza se nos dice: "Convertíos y creed en el Evangelio". La Cuaresma es pues, un tiempo de conversión.
2. Convertirse significa "volver", "cambiar", "corregir el camino" "Renovarse"
3. El cambio que queremos es pasar del "hombre viejo" al "hombre nuevo"
4. "Hombre viejo" es el que vive a espaldas de Cristo y del Evangelio. "Hombre nuevo" es el que sigue a Jesús y vive según el Evangelio.
5. ¿Tú eres un "hombre viejo" o un "hombre nuevo"? Piénsalo bien, ¡hombre!
6. Algunos cristianos creen que la conversión es sólo para los paganos y herejes... Y, claro, no necesitan la Cuaresma.
7. Otros piensan que con no comer carne los viernes o dejar de fumar ya han cumplido... ¡No! Si no hay cambio, no hay Cuaresma.
8. Cuaresma es cambiar de vida.

C - CAMBIAR EL CORAZÓN

1. El Miércoles de Ceniza es día de ayuno y abstinencia. Los Viernes de Cuaresma son días de abstinencia.
2. Ayunar por ayunar no tiene sentido y no hace a la gente mejor... Sobre todo en un mundo en que muchos ayunan, no porque es Cuaresma, sino porque no tienen qué comer.
3. Abstenerse de comer carne es un signo que tiene su importancia por lo que significa.
4. El ayuno y la abstinencia son "signos de conversión". No son "la conversión".
5. El ayuno es signo de que tú:
    - quieres "ayunar de pecados"
    - te solidarizas con los hambrientos
    - prefieres el pan de la Palabra
    - frenas el consumismo
    - quieres compartir lo tuyo.
6. La abstinencia es signo de que tú:
    - quieres abstenerte del pecado
    - no te comes el pan de los pobres
    - te "mantienes en forma" por dentro.
7. Lo que interesa es cambiar el corazón.

D - "CONVERTÍOS Y CREED EN EL EVANGELIO"

1. La Cuaresma es un tiempo de renovación para la comunidad. O la hacemos todos juntos o no es Cuaresma.
2. Hace Cuaresma: la pareja, la familia, el grupo, la parroquia, la comunidad. Nadie hace la Cuaresma solo
3. Si los creyentes de este país cambian, todo el país hará el cambio. La Cuaresma ayuda a cambiar la sociedad.
4. El modelo del cambio está en el Evangelio, la Palabra de Dios. Cuaresma es un tiempo favorable para el anuncio y la escucha de la Palabra.
5. San Jerónimo decía: "Ignorar el Evangelio es ignorar a Cristo".
6. Jesús decía: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de mi Padre".
7. La lectura del Evangelio en familia, las convivencias, los Ejercicios Espirituales, los cultos de las Hermandades... son momentos privilegiados para escuchar la Palabra de Dios. No cierres tus oídos a la Palabra.

E - LA CUARESMA Y EL HOMBRE DE HOY

1. El hombre de hoy es un poco autosuficiente y algo olvidado de Dios. Confía demasiado en la razón y, a veces se cierra a la fe, ¿no te parece?
2. El hombre de hoy piensa que la Cuaresma es para los "carrozas" y los "carcas": "ya no se estila".
3. Dicen que el hombre de hoy ha perdido la conciencia de pecado. ¿Será verdad que ya no hay pecados?
4. ¿O será que el hombre de hoy necesita más que ningún otro convertirse?
5. Lo que pasa es que convertirse es algo complicado.
6. Cuando el hombre de hoy comprenda lo serio que es cambiar de vida y poner en cuarentena el corazón, entonces se dará cuenta que necesita la Cuaresma.
7. El hombre de hoy es el hombre del evangelio, porque el evangelio siempre es de hoy.
8. Todos somos hombres de hoy, que necesitamos una Cuaresma de "hoy".

Evangelio del Domingo 2° de Cuaresma

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús.
Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: «Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías»; pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados. Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: «Este es mi Hijo amado, escuchadle». Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos.
Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.
(Mc 9,2-10)

Cura Brochero: Peregrinación y Ejercicios Espirituales


1) Peregrinación para pedir la beatificación del Cura Brochero

Un grupo de personas con la idea de resaltar la figura del venerable presbítero José Gabriel del Rosario Brochero, popularmente conocido como Cura Brochero, preparan la 3ª Peregrinación Brocheriana, cuyo objetivo será pedir y rezar por la pronta beatificación del sacerdote que evangelizó las sierras cordobesas.

Los Peregrinos de Brochero saldrán el 12 de marzo, desde la galería 9 de Julio, Córdoba, donde estaba la casa de ejercicios a la que el Cura Brochero llevaba a sus paisanos desde el valle de Traslasierra, y prevén llegar a Villa Cura Brochero el 16 de marzo, fecha del natalicio del santo ejemplar.

“Caminos, acequias, represas, acueductos, escuelas, iglesias, capillas fueron y son parte de su sacrificio. La Casa de Ejercicios Espirituales fue su mayor obra arquitectónica. Hoy todavía están de pie la mayoría de sus obras y su personalidad en el corazón de los serranos”, aseguran en la invitación a inscribirse.

El itinerario prevé paradas en San Nicolás, Icho Cruz, Copina, La Posta y finalmente Villa Cura Brochero.

Informes: (03544) 15-564288/15-615908/15-448234 
o por correo electrónico elcaminantedebrochero@hotmail.com


2) Calendario de Ejercicios Espirituales de Cura Brochero para 2012

Casa de Ejercicios Espirituales
Villa Cura Brochero
Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús

135º aniversario de la Inauguración de la Casa de Ejercicios
por el Venerable José Gabriel del Rosario Brochero

MARZO
12 (L) al 16 (V) Sacerdotes de Cruz del Eje
22 (J) al 25 (D) Profesionales (Mixto) P. Carlos Cravenna, S.J.

ABRIL
12 (J) al 15 (D) Mujeres Pbro. Fabián Vilches
19 (J) al 22 (D) Jóvenes (Mixto) P. Raúl González S.J
26 (J) al 29(D) Varones P. Oscar Calvo S.J

AGOSTO
30 (J) al 02 (D) Setiembre Jóvenes (Mixto) P. Salvador Verón S.J
31 (V) al 02 (D) Setiembre Jóvenes (Mixto) Pbro. Rubén Campos

SETIEMBRE
06 (J) al 09 (D) Mujeres Hnas. Esclavas C.J
13 (J) al 16 (D) Varones P. Raúl González S.J
22 (S) al 30 (D) Religiosas P. Carlos Cravenna S.J.

OCTUBRE
04(J) al 07 (D) Mujeres Pbro. Javier Morelli
10(Mi) al 13 (S) Varones P. Julio Merediz, S.J.
18 (J) al 21 (D) Matrimonios P. Oscar Calvo S.J

NOVIEMBRE
08 (J) al 11 (D) Mujeres Pbro. Juan C. Marto.
15 (J) al 18 (D) Varones P. Walter Obregón S.J.
21 (Mi) al 24 (S) Mujeres P. Julio Merediz, S.J.
2012

Para Ejercicios Espirituales Personalizados:
Combinar directamente fechas y días con la Comunidad de Hermanas Esclavas

Se inicia en la tarde del primer día y finaliza con el almuerzo del último.
Traer Biblia, Rosario, cuaderno, birome, sábanas.
Anotarse con anticipación y confirmar 10 días antes:

Hipólito Irigoyen 75 (5891) Villa Cura Brochero. Córdoba.
TE. 03544-470051 / Fax 03544-472330

Cuaresma es tiempo de compromiso

Los cristianos sabemos qué importante es la Pascua. Si queremos vivirla plenamente, la preparemos en nuestro corazón durante la Cuaresma que va desde el Miércoles de Ceniza hasta la Semana Santa.

En la Cuaresma estamos invitados a renovar la gracia de nuestro bautismo, a desprendernos de todas aquellas actitudes y fragilidades que se nos han adherido por el camino y que no están en sintonía con el Evangelio de Jesús. Se nos invita también renovar nuestro sí entusiasta a Jesús; un sí deseoso de coherencia y fidelidad. Un sí que sea expresión del compromiso que queremos vivir este año animados por el lema pastoral arquidiocesano y que nos brinda la ocasión para redescubrir "la belleza y la alegría de ser cristianos" de la que nos hablaban los Obispos latinoamericanos y caribeños en la conferencia de Aparecida. (cf. DA 14).

Como Comunidad Arquidiocesana, vamos a  vivir este tiempo haciendo realidad el Objetivo Pastoral 2012 “Que como Pueblo de Dios que peregrina en Córdoba, junto a los hombres y mujeres de buena voluntad, asumamos el compromiso de construir nuestras familias, nuestra Patria y el Pueblo de Dios”.

Benedicto XVI: en Cuaresma seguir cada día al Señor

Ciudad del Vaticano , 27 Feb. 12 (AICA)

En su alocución previa al rezo del Ángelus, este domingo en la Plaza San Pedro frente a miles de fieles ahí reunidos, el Santo Padre hizo una exhortación a tener “la paciencia y la humildad de seguir cada día al Señor, aprendiendo a construir nuestra vida no fuera de Él o como si no existiera, sino en Él y con Él, porque es la fuente de la verdadera vida”.

El Papa resaltó que el tiempo de Cuaresma es propicio para renovar y fortalecer “nuestra relación con Dios, a través de la oración cotidiana, los gestos de penitencia y las obras de caridad fraterna”.

Benedicto XVI hizo referencia al relato bíblico posterior al bautismo de Jesús en el Jordán, cuando se interna en el desierto durante cuarenta días.

“¿Qué puede enseñarnos este episodio? Como leemos en el Libro de la Imitación de Cristo, ‘el hombre jamás está totalmente exento de la tentación mientras vive, pero con la paciencia y con la verdadera humildad llegaremos a ser fuertes contra todo enemigo’”.

El Papa señaló que a continuación, “Jesús proclama que ‘el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca’, anuncia que en Él sucede algo nuevo, Dios se dirige al hombre de modo inesperado, con una cercanía única, concreta, llena de amor”.

“Dios se encarna y entra en el mundo del hombre para tomar sobre sí el pecado, para vencer el mal y reconducir al hombre al mundo de Dios”, señaló.
    
Para el Santo Padre, “este anuncio está acompañado por la petición de corresponder a un don tan grande. En efecto, Jesús añade ‘Conviértanse y crean en el Evangelio”; es la invitación a tener fe en Dios y a convertir cada día nuestra vida a su voluntad, orientando al bien todos nuestros pensamientos y acciones”.

Benedicto XVI también encomendó el camino cuaresmal a María Santísima, para contar con su protección "y nos ayude a imprimir en nuestro corazón y en nuestra vida las palabras de Jesucristo, para convertirnos a Él”.

Fuente: AICA

Evangelio del Domingo 1° de Cuaresma

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto, y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían. Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva».
(Mc 1,12-15) 

Información de Catequesis


Informamos que se suspende la inscripción para el  PRIMER CICLO DE LA CATEQUESIS FAMILIAR por la necesidad de organizar el equipo de Catequistas y Animadores.

La inscripción de la catequesis de adolescentes para la Primera Comunión sigue abierta.

Con el Miércoles de Ceniza, comienza la Cuaresma

Hoy, con el miércoles llamado "de Ceniza", es el día en que comienza la Cuaresma, período de 40 días en el cual los cristianos se dedican a la oración, la penitencia y los actos de caridad y misericordia, como preparación para celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. En este día se efectúa el rito de la imposición de la ceniza en la cabeza de los fieles, con las palabras: "Recuerda que eres polvo y al polvo volverás". Durante estos días la liturgia adopta el color morado para las celebraciones, símbolo de la austeridad cuaresmal.

Ayuno y abstinencia
    
El miércoles de Ceniza es uno de los dos días del año -el otro es el Viernes Santo- en que los cristianos, de los 18 a los 60 años, hacen ayuno y abstinencia. El ayuno consiste en hacer una sola comida importante en el día, que puede ser el almuerzo o la cena. La abstinencia, desde los 14 años, es la privación de carne y sus derivados en las comidas del día, o de bebidas alcohólicas. Esta abstinencia puede reemplazarse por una obra de caridad, o por una práctica de piedad.

 La Cuaresma
    
Es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para preparar la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirse de los pecados y cambiar para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.

La Cuaresma dura 40 días; comienza el miércoles de Ceniza y termina el Jueves Santo, por la tarde/noche, antes de la Misa de la Cena del Señor. 

El color litúrgico es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.

En la Cuaresma, Cristo invita a cambiar de vida. La Iglesia invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. También para vivir una serie de actitudes cristianas que ayudan a parecerse más a Jesucristo.

Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, se busca desterrar del corazón el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen al amor a Dios y a los hermanos. También se aprende a conocer y apreciar la Cruz de Jesús.

La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estadía de los israelitas en Egipto.

La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de Oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en Occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

Fuente: Aica

Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2012

«Fijémonos los unos en los otros
para estímulo de la caridad y las buenas obras» 
(Hb 10, 24)
Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.

Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.

1. “Fijémonos”: la responsabilidad para con el hermano.

El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).

La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.

El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein—es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.

2. “Los unos en los otros”: el don de la reciprocidad.

Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.

Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16).

3. “Para estímulo de la caridad y las buenas obras”: caminar juntos en la santidad.

Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.

Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10).

Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica.

BENEDICTUS PP. XVI

Mensaje del Arzobispo de Córdoba para la Cuaresma 2012


A todos los fieles de la Iglesia que está en Córdoba
Queridos hermanos y hermanas:

El próximo miércoles, con el gesto austero y sencillo de recibir las cenizas sobre nuestras cabezas, comenzaremos la Cuaresma que nos dispondrá para una digna celebración en la Semana Santa del misterio pascual de Jesús, su muerte y resurrección.

Si bien es cierto que todo momento del año es propicio para acercarnos a Dios y acogernos a su misericordia y a su gracia, la Cuaresma representa una ocasión particularmente favorable para concretar este propósito. La Iglesia nos lo recuerda por medio de la enseñanza del apóstol san Pablo: "Miren éste es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación" (2 Cor 6, 2).

Durante la Cuaresma estamos invitados a renovar la gracia de nuestro bautismo, a desprendernos de todas aquellas actitudes y fragilidades que se nos han adherido por el camino y que no están en sintonía con el Evangelio de Jesús. Se nos invita también a prepararnos para renovar en la Vigilia Pascual nuestro sí entusiasta a Jesús; un sí deseoso de coherencia y fidelidad. Un sí que sea expresión del compromiso que queremos vivir este año animados por el lema pastoral arquidiocesano y que nos brinda la ocasión para redescubrir "la belleza y la alegría de ser cristianos" de la que nos hablaban los Obispos latinoamericanos y caribeños en la conferencia de Aparecida. (cf. DA 14).

En la liturgia del miércoles de ceniza, la Iglesia vuelve a poner a nuestra consideración el ayuno, la limosna y la oración. Estas obras son, por una parte, expresión de nuestro deseo de acercarnos a Dios, de volver a Él, y, por otra parte, representan un fuerte estímulo para lograr ese cometido. Hemos de tenerlas muy presentes, al mismo tiempo conviene revitalizarlas y recrearlas para que no se vuelvan prácticas rutinarias y vacías.

Así, en medio de la situación que nos toca atravesar marcada por considerables aumentos en el costo de vida y que para muchos implica el desafío de poder llegar al fin del mes cubriendo las necesidades indispensables, el ayuno nos ofrece la oportunidad para ejercitarnos en la sobriedad y la austeridad y sobre todo para afianzar la libertad de nuestro corazón de manera que esté cada vez más disponible en manos de Dios.

Al ayuno deberá acompañarlo, a su vez, la limosna solidaria. En muchos hogares y comunidades en los días de Cuaresma se colocan alcancías en donde cada uno puede depositar los ahorros fruto de su austeridad cuaresmal y con los que se podrá socorrer alguna necesidad de nuestros hermanos menos favorecidos. Esta limosna, que no es una dádiva sino un modo de compartir los bienes a imagen de los primeros cristianos (cf. Hech 4, 34), llevará a plenitud y dará sentido más profundo a nuestro ayuno. El Papa Benedicto, en su mensaje cuaresmal, nos recuerda que: "También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos "guardianes" de nuestros hermanos (cf. Gn 4, 9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado recíproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien".

Por último, la oración propia de la Cuaresma no debe ser sólo la repetición de fórmulas piadosas, sino el empeño serio por escuchar más asiduamente a Dios en su Palabra y por hablarle con confianza y sinceridad entablando con Él un verdadero diálogo que nos lleve cada vez más a sintonizar con su querer, a poseer cada vez más los criterios del Señor Jesús y los sentimientos de su corazón (cf. 1 Cor 2, 16; Fil 2, 5).

Esforcémonos, por tanto, en vivir con autenticidad estas obras recomendadas por la Iglesia para este tiempo y pongamos toda la tarea cuaresmal en manos de la Santísima Virgen María, para que la presente y recomiende ante Dios nuestro Señor. Que Ella  nos enseñe y ayude a escuchar la Palabra de Dios, a guardarla y meditarla en el corazón y sobre todo a ponerla en práctica no sólo en el tiempo cuaresmal, sino a lo largo de toda nuestra vida.

Les deseo a todos una Cuaresma llena de frutos y que la alegría de la Pascua desborde en sus corazones. Los acompaño con mi oración e imploro sobre cada comunidad y cada uno de ustedes la abundante bendición del Señor.

Mons. Carlos José Ñáñez, 
Arzobispo de Córdoba