jueves, 27 de febrero de 2014

Mensaje del Arzobispo de Córdoba para la próxima Cuaresma

El próximo 5 de marzo, miércoles de ceniza, dará comienzo la Cuaresma. Se trata de un tiempo que nos prepara para la celebración del misterio pascual de Jesús, su muerte y resurrección. La Palabra de Dios nos dice que es “un momento favorable” en el que Dios nos escucha especialmente y que es “un día de salvación” en el que el Señor nos socorre (cf. 2ª. lectura de la Misa del miércoles de ceniza). ¡Animémonos a aprovechar este “momento favorable”, este “día de salvación”!

En nuestra Arquidiócesis queremos vivir y trabajar este año inspirados por el lema pastoral que nos propone “mirarnos como hermanos”. El Mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial de la Paz de este año proyecta su luz sobre este propósito nuestro. En efecto, nos dice el Papa Francisco: “...la fraternidad es una dimensión esencial del hombre, que es un ser relacional. La viva conciencia de este carácter relacional nos lleva a ver y a tratar cada persona como una verdadera hermana y un verdadero hermano; sin ella, es imposible la construcción de una sociedad justa, de una paz estable y duradera”.

El Papa Francisco nos recuerda también el papel importantísimo que desempeña la familia en el aprendizaje y en la experiencia de la fraternidad: “... es necesario recordar que normalmente la fraternidad se empieza a aprender en el seno de la familia, sobre todo gracias a las responsabilidades complementarias de cada uno de sus miembros, en particular del padre y de la madre. La familia es la fuente de toda fraternidad, y por eso es también el fundamento y el camino primordial para la paz, pues, por vocación, debería contagiar al mundo con su amor”.

Esta enseñanza del Santo Padre nos marca un desafío para nuestra Argentina surcada por tantos desencuentros y enfrentamientos y para nuestra Córdoba, que a fines del año pasado vivió momentos dolorosos de ruptura de la amistad social y de la fraternidad.

En nuestra oración, que debemos intensificar en los días de cuaresma, tenemos que pedir confiadamente la gracia para estar a la altura del desafío de construir y reconstruir los vínculos fraternales en nuestra sociedad a partir de lo que intentamos vivir cada día en nuestras familias.

Por otra parte, en su Mensaje para la Cuaresma, el Papa Francisco nos propone mirar a Jesús que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza. Desde la contemplación del ejemplo del Señor estamos invitados a vivir en la sobriedad, más aún, en una exigente austeridad que nos devuelva la libertad interior frente a los insistentes reclamos de una mentalidad consumista y materialista y que abra nuestros corazones a la solidaridad. En realidad, el Santo Padre nos está invitando a poner por obra las otras dos actitudes que caracterizan la Cuaresma junto a la oración, es decir, el ayuno y la limosna. El ayuno entendido como sobriedad que sabe dejar de lado lo superfluo, como austeridad que sabe a veces privarse incluso de lo necesario. Sobriedad y austeridad entendidas no sólo como un esfuerzo de autodominio, sino ante todo como respuesta a la invitación a seguir a Jesús, y también como estímulo para la solidaridad. Ése es el sentido más hondo de la limosna, que no es una dádiva humillante, sino un generoso y fraternal compartir los bienes.

Dos textos del Papa Francisco pueden todavía iluminarnos. Dice en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz: “... hay una forma más de promover la fraternidad... Es el desprendimiento de quien elige vivir estilos de vida sobrios y esenciales, de quien compartiendo las propias riquezas, consigue así experimentar la comunión fraterna con los otros”. Y en el Mensaje para la Cuaresma nos recuerda: “La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. No olvidemos que la verdadera pobreza duele; no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele”.

Deseándoles para esta Cuaresma un encuentro hondo con el Señor que “se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” y que nos renueva y enriquece con la gracia de la fraternidad, los saludo muy cordialmente encomendándolos en mi oración y pidiéndoles que me acompañen con la suya.

Córdoba, 26 de febrero de 2014

+ Carlos José Ñáñez
Arzobispo de Córdoba

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