martes, 13 de diciembre de 2011

Dar

Hace unos días tuve que hacer un trámite en determinada oficina, me hicieron esperar unos breves minutos.  Mientras esperaba que me atendieran detuve mi vista en el escritorio y en particular, en una sencilla maderita que tenía inscrita la siguiente leyenda: "Una sonrisa no empobrece al que la ofrece y enriquece al que la recibe".

Entonces pensé: ¡Qué fácil es dar cuando se quiere!

No todos podemos dar dinero, pero todos podemos dar algo que, incluso, es mucho más valioso que el dinero.

Más aún: cuando damos dinero siempre nos quedamos con algo menos de lo que teníamos, por más que aumente en nosotros la bondad.  Es que cuando damos una sonrisa no nos empobrecemos bajo ningún aspecto y si enriquecemos a los demás.

No todos necesitan dinero, no todos esperan de nosotros que les demos dinero, pero todos, absolutamente todos necesitan y esperan de nosotros una sonrisa, una palabra bondadosa, un gesto comprensivo, una actitud benévola.

Pasa tu vida sembrando, sí, sembrando tantas semillas fecundas de verdad y de bien, sembrando sonrisas que alivien al que sufre porque todos sufrimos de una u otra forma.

Vivamos sembrando esperanzas en los que están atribulados y con el corazón oprimido, sembrando aliento en los desanimados y desorientados.

Sembremos generosidad en los que están apegados excesivamente a los bienes materiales, sembremos optimismo en los que se sienten derrotados por la vida.

Sembremos amor de Dios en los que no piensan en él, en los que lo olvidan, en los que no saben que en él se halla la fuerza y la esperanza.

Sembremos amor en los hombres, en aquellos que han perdido no sólo la fe en Dios, sino también la fe en los mismos hombres, sus semejantes.

El campo del Padre del que nos habla el Evangelio es un campo inmensamente dilatado; pero el mismo Jesús nos dice que son muy pocos los obreros dispuestos a sembrar en ese campo.  Ofrécete tú para ellos, cuéntate desde ahora en ese reducido número.

No sólo salvarán al mundo los que trabajan para hacer un mundo mejor, sino sobre todo un hombre mejor.

Y en estos días que preceden a la Navidad, no nos aturdamos con lo material y el consumismo que parece que en este tiempo alcanza un punto culminante. Dejemos un buen espacio en nuestro corazón a lo espiritual y así estaremos dando a esta fiesta el verdadero sentido cristiano que en muchos hogares se pierde de vista.

Y hablando de amor, de espiritualidad, de sembrar generosos en los demás… ¿sabes que en nuestra parroquia durante todo el año se asiste a aproximadamente 60 familias con bolsones de alimentos? Esa tarea solidaria con nuestros hermanos más necesitados sólo es posible con la colaboración de todos los que conformamos la comunidad parroquial.

Por eso es que siempre se necesitan aportes de alimentos para nuestros pobres. Alimentos como leche en polvo, azúcar, arroz, polenta, lentejas, fideos, aceite, yerba mate, y en este tiempo de fin de año también llamamos a colaborar con pan dulce, para que en la mesa de todos los hermanos se pueda celebrar la llegada de Jesús sin carencias alimenticias.

Puedes acercar tus bolsas con alimentos a la secretaría parroquial (todas las tardes de lunes a viernes) y también en los horarios de Misas hay canastas colocadas en la entrada del templo para dejar allí nuestras ayudas.

Y recuerda que cuando das lo que hay en tu corazón, Dios te reabastece con lo que tiene en el Suyo.

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