Presentación
1. Nuestro país vive momentos de particular relevancia
política que hacen a su vida y cultura como nación. Son momentos de trascendencia
histórica que debemos asumir con responsabilidad por su significado actual y
futuro. En este contexto debemos ubicar la reforma del Código Civil, como marco
jurídico básico que regula la vida del hombre y sus relaciones en la sociedad
desde el inicio de su vida. Su reforma nos compromete, no podemos, por ello,
permanecer indiferentes ni ser espectadores de decisiones que nos involucran y
que requieren de una madura reflexión y de una amplia participación federal. No
caben urgencias en temas de tanta trascendencia.
2. El Código Civil por su carácter estable y modélico, al
definir obligaciones y derechos de las personas e instituciones no es algo neutro,
sino que a través de él se expresan doctrinas o corrientes de pensamiento que van
a incidir en la vida de los argentinos. Junto a las necesarias actualizaciones
que la reforma busca realizar, creemos que el nuevo Código debe tener en cuenta
la riqueza de nuestras tradiciones jurídicas y constitucionales, como los
principios y valores que hacen a nuestra vida e identidad. Necesariamente en un
Código Civil se presentan opciones que definen materias e institutos que rigen
y orientan la vida de una comunidad. Entre ellas queremos señalar, en primer
lugar, la necesidad del reconocimiento del comienzo de la vida humana desde la
concepción y su necesaria protección jurídica. Debilitar este principio liminar
es disminuir la base jurídica de un sistema y orientar, por su misma autoridad,
el alcance de futuras leyes sobre la entidad de los embriones congelados.
3. En segundo lugar, la valoración de la familia fundada
sobre el matrimonio, como relación estable del varón y la mujer y ámbito
primero en la educación de los niños. La familia es una realidad con profundas
raíces en el pueblo argentino y a lo largo de todo el país. Ella es una
institución que por su riqueza e historia es un bien que es garantía para la
sociedad. Finalmente, adquieren un lugar destacado y de grave responsabilidad
jurídica los derechos del niño, sea respecto de su vida e identidad, como el
justo conocimiento de sus derechos de filiación, paternidad y maternidad. Cuando
se privilegian en estos temas los deseos o voluntad de los adultos, se descuidan
los derechos esenciales del niño. Cuando se parte, en cambio, del valor único e
irrepetible de la vida concebida, el adulto tiene más obligaciones que
derechos. No todo lo que es técnicamente posible y deseado en el manejo de la
vida es necesariamente ético y respeta su dignidad. El límite, en estos casos,
es tanto un acto de sabiduría política como de ejemplaridad jurídica.
Nuestra responsabilidad social
4. Las autoridades nacionales han puesto en marcha el
proceso legislativo para la sustitución de los actuales códigos Civil y de Comercio,
por un nuevo Código Civil unificado. Se trata sin duda de una de las reformas
legislativas de mayor trascendencia, por tratarse de normas que afectarán en
forma directa la vida cotidiana de todos los argentinos.
5. La Iglesia, que es parte integrante de la sociedad,
siente la obligación moral de hacer oír su voz. Somos portadores de una
herencia y responsables de hacernos eco de las voces de millones de hermanos
que a diario nos confían sus preocupaciones, alegrías, dificultades y
esperanzas. La Iglesia Católica siente que tiene el derecho y el deber de hacer
conocer a toda la sociedad su pensamiento en estas delicadas materias, proponiéndolo
a través de una argumentación razonada y fundada.
El valor de la ley
6. Las leyes son necesarias para la buena vida social. Su
contenido no es indiferente, porque las leyes son indicativas de las conductas
que la sociedad considera valiosas, para alentarlas y protegerlas, o
disvaliosas, para prohibirlas o castigarlas. En ese sentido, la ley, sin
identificarse con la moral, tiene un indudable contenido moral. No hay leyes
moralmente neutras.
7. El Código Civil en particular regula las relaciones
jurídicas de las personas en cuanto tales, desde el comienzo de su existencia
hasta después de que ella ha finalizado, las relaciones de familia, y también
las relaciones de orden patrimonial, tales como las obligaciones y los
contratos, las relaciones de las personas entre sí y con las cosas de las que
se sirven. Lo que diga y cómo lo diga no es indiferente. La ley no es una mera
fotografía de lo que ocurre, sino una orientación de lo que se espera y desea
que ocurra en esas relaciones interpersonales: tiene una función docente y modélica.
8. Por lo tanto, el legislador no puede limitarse a constatar
que algo existe en la realidad, o puede existir, para darle valor legal -es
decir, de norma, o regla de conducta-, sin un previo juicio de valor. En la
vida cotidiana se verifican conductas perjudiciales al bien común, que deben
ser reprobadas y no convalidadas por el sólo hecho de que algunas personas las
lleven a cabo. En este sentido, si bien es cierto que toda persona es digna del
mayor respeto, no toda opinión o proposición lo es en el mismo grado. Es
necesario tamizar las distintas opiniones y propuestas, en orden a ese bien
común, que es “el bien de ese «todos nosotros», formado por individuos,
familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social. No es un bien que
se busca por sí mismo, sino para las personas que forman parte de la comunidad
social, y que sólo en ella pueden conseguir su bien realmente y de modo más
eficaz”.
9. Como ha dicho Benedicto XVI, “¿Dónde se encuentra la
fundamentación ética de las deliberaciones políticas? La tradición católica
mantiene que las normas objetivas para una acción justa de gobierno son
accesibles a la razón, prescindiendo del contenido de la revelación. En este sentido,
el papel de la religión en el debate político no es tanto proporcionar dichas
normas, como si no pudieran conocerlas los no creyentes. Menos aún proporcionar
soluciones políticas concretas, algo que está totalmente fuera de la
competencia de la religión. Su papel consiste más bien en ayudar a purificar e
iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales
objetivos”. Lo que queremos proponer a nuestros conciudadanos en general, y a
quienes tienen responsabilidad en el proceso legislativo en particular, no es
una imposición religiosa, sino que en la Argentina la ley respete simplemente
la verdad de la persona, de la familia y de la sociedad.
El Código Civil proyectado
10. El Anteproyecto de Código Civil que se ha conocido,
es sin duda el fruto del encomiable esfuerzo de muchas personas, que han aportado
su sabiduría y experiencia en distintos temas. Ha sido presentado, como el fruto
de muchos años de debates y trabajos jurídicos, y de la reflexión de los
juristas y las decisiones de los jueces en el marco de la legislación hoy
vigente. Eso es cierto en buena medida, pero no en algunos temas vinculados a
la vida humana y a la familia. Por otra parte, el Código es un delicado
entramado de soluciones técnicas para situaciones y problemas muy diversos,
sobre las que no nos pronunciamos.
11. Vemos en la obra codificadora un esfuerzo de actualización
y de atención a las nuevas posibilidades que abre el desarrollo científico y tecnológico.
Con la cautela que implica reconocer que no todo lo que es técnica o
científicamente posible es moralmente aceptable -y por lo tanto, digno de ser
aprobado por la ley-, hay en esto un hecho positivo. Valoramos especialmente la
atención puesta al desarrollo creciente
12. Valoramos que se hayan tenido en cuenta distintas
situaciones que hacen a los derechos de las comunidades indígenas. En otro orden
de cosas, nos preocupa cierto reglamentarismo que propone el Anteproyecto en
relación a las asociaciones civiles, e incluso a las simples asociaciones. Esas
formas asociativas son parte esencial de la sociedad civil y, por ello, debería
evitarse sobrecargarlas de exigencias e interferencias del Estado en su vida interna.
13. Hay sin embargo algunas cuestiones, que tanto a
nuestro juicio de pastores, como en la opinión de muchos juristas y expertos, merecen
una mayor reflexión. Es necesaria en el Código una formulación de ciertos principios,
más respetuosa de la dignidad propia de toda vida humana desde su comienzo en
el momento de la concepción y hasta su fin natural, de los derechos de la
familia fundada en el matrimonio, y de los derechos de los más débiles, en particular
los niños ya nacidos, y todavía por nacer. Es en estas materias, el estatuto de
la persona humana y de la familia, en las que quisiéramos detenernos particularmente.
Notamos que en las soluciones propuestas en este campo, ha influido una
ideología individualista y una concepción de familia ajena a las tradiciones
nacionales y al sentir y vivir de la gran mayoría de nuestro pueblo.
La persona existe desde la concepción.
14. Afirmamos sin lugar a dudas, que todo ser humano
merece el reconocimiento de su personalidad jurídica en todas partes y sin distinción
de condición alguna (en consonancia con el Art. 6 de la Declaración Universal
de Derechos Humanos). Y sabemos, porque la ciencia así lo demuestra, que la
vida humana comienza desde el momento de la concepción, en la que se configura
un ser humano nuevo, único e irrepetible. Hoy día, por la técnica algunos seres
humanos son concebidos fuera del seno materno, en laboratorios. Pero no existe
ninguna diferencia ontológica entre un ser humano concebido dentro o fuera del
seno materno. El hecho de que por decisiones de los padres o de los
laboratorios, el desarrollo del embrión en algunos casos se detenga
artificialmente, no altera en nada su condición de ser humano.
15. La tradición jurídica nacional y el contexto constitucional
a partir de 1994 obligan al reconocimiento pleno de la dignidad humana y la
personalidad jurídica de
todo ser humano sin distinción. Cuando con proverbial
sabiduría, el Código Civil argentino proclamó que la persona existe “desde la concepción
en el seno materno”, no excluyó la concepción extrauterina -en esa época imposible
de imaginar-, sino que afirmó el principio esencial de que toda vida humana, desde
el momento inicial, y sin distinción de cualidades o accidentes (art. 51 CC) es
digna del respeto debido a una persona humana. Normas posteriores y de elevada
jerarquía, como la ley aprobatoria de la Convención de los Derechos del Niño,
confirmaron sin duda que la persona es tal desde la concepción, sin distinguir
según ella ocurra dentro o fuera del seno materno.
16. No reconocer esta igual dignidad, tal como ocurre en
el Anteproyecto, significa introducir una discriminación injusta pues algunos
seres humanos en estado embrionario son considerados personas -los concebidos
en el seno materno, o los implantados en él-, mientras que a otros se les niega
ese status básico -los concebidos fuera del seno materno, antes de su
implantación-. En este último caso no queda claro cuál es el status o situación
jurídica de estos embriones, que por tanto quedan en un estado de absoluta
desprotección, abriendo la posibilidad de atentados contra la vida de seres
humanos inocentes e indefensos.
17. Comprendemos la dificultad jurídica que implica, por
ejemplo, reconocer derechos patrimoniales y sucesorios a los embriones no
implantados, pero la solución no es desconocer la dignidad y los derechos personalísimos
que se derivan de su condición humana, sino en todo caso impedir -y no
promover- su producción mediante una moratoria en la utilización de estas técnicas.
Remitir la protección del embrión no implantado a una ley especial aun no
existente, si bien abre alguna esperanza, resulta insuficiente para evitar
atentados presentes o futuros contra la vida o dignidad de esos seres humanos,
expuestos a la comercialización, industrialización o destrucción. Es
inadmisible también la posibilidad de experimentación con los embriones no
implantados.
La familia y el matrimonio
18. La familia fundada en el matrimonio entre un varón y
una mujer, perdurable y estable, es el modo óptimo de crianza de los niños y de
organización familiar y social. Recordando que la familia es anterior al
Estado, éste debe apoyar y acompañar los modelos exigentes de vida en los que
los esposos se comprometen a la fidelidad, la cohabitación, la asistencia
recíproca y el bien de los hijos. Si el Código Civil dejase de prever tales
deberes del matrimonio, la institución se vaciaría de contenido en desmedro de
los propios esposos y del bien superior de los niños y su derecho a crecer y
ser educados en el ámbito de una familia estable. Consideramos que toda reforma
tiene que recoger y valorar la tradición jurídica y cultural de nuestro país
que valora y respeta esos rasgos en el matrimonio.
19. Se afirma que actualmente hay muchas formas de
organización familiar, y que todas ellas deben ser igualmente admitidas y
protegidas por la ley. Pero no cualquier forma de convivencia es igualmente
valiosa, respetuosa de la verdad de la naturaleza humana, y de los derechos de
la mujer y de los hijos. La ley debe proponer –como hizo siempre y en la
perspectiva del bien común- un modelo de familia, y apoyarlo, más allá de que
haya personas que en ejercicio de su libertad opten por otras formas de vida.
Debería fomentar y no desalentar los proyectos de vida más estables y comprometidos.
20. En ese sentido, la equiparación casi absoluta entre
el matrimonio y la llamada “unión convivencial”, no contribuye a dignificar a
aquél. Es cierto que en ocasiones la ruptura de uniones prolongadas perjudica a
la parte más débil, generalmente la mujer, y también que eventualmente a ella
pudo haberle faltado algún grado de libertad para vincularse de ese modo en
lugar de celebrar un matrimonio. Pero la solución a esto es una educación
adecuada de la responsabilidad, que prepare para asumir el compromiso público
que el matrimonio significa. La falta de formalización del vínculo, que puede
obedecer a distintas razones, no justifica que se desvalorice la realidad del
matrimonio.
21. La falacia del argumento según el cual se procura dar
reconocimiento legal a las “diversas formas de familia", queda de
manifiesto cuando se advierte que el
Anteproyecto no reconoce en absoluto al matrimonio indisoluble
caracterizado por el compromiso de fidelidad y de apertura al bien de los hijos,
tal como la Iglesia propone a sus fieles, lo mismo que otras confesiones
religiosas, y la ley natural lo expresa. Sólo formas débiles e inestables de
familia son propuestas y reguladas por el Anteproyecto.
La protección de los niños
22. El régimen de la paternidad, la maternidad y la
filiación, así como otras instituciones proyectadas, generan incertidumbre en
torno a la protección de los derechos de los niños. Una sociedad que no
privilegie los derechos e intereses de los niños por sobre los de los adultos,
se empobrece socialmente.
23. La regulación de los efectos de las técnicas de
fecundación artificial, lamentablemente legitimadas ignorando las objeciones
ético-jurídicas de fondo que merecen, y sin un marco de control previo,
privilegia un supuesto “derecho al hijo”, por sobre los derechos del hijo a la
vida y al respeto de su intrínseca dignidad y el principio de originalidad en
la transmisión de la vida humana. Las técnicas de fecundación artificial
suponen con frecuencia mecanismos de selección de los embriones más aptos, con
descarte de los demás. Los embriones sobrantes podrían ser objeto de compra y
venta para experimentación o utilización en productos industriales. No hay
mecanismos que eviten estas derivaciones injustas en el anteproyecto de Código
Civil.
24. El Anteproyecto, además, niega a los niños concebidos
mediante las técnicas de fecundación artificial el acceso al establecimiento
del vínculo filiatorio biológico, mientras que sí se lo permite en otras
filiaciones. Se discrimina así entre categorías de hijos con más o menos
derechos según el modo en que fueron concebidos y se conculca el derecho a la
identidad de los niños, que no puede quedar sujeta a la voluntad de los
adultos. Todos los niños tienen derecho a conocer a sus padres y en la medida
de lo posible ser criados por ellos (Art. 7, inciso 1, Convención Sobre los Derechos
del Niño).
25. En materia de adopción, no se privilegia el interés superior
de los niños, que consiste en tener un padre y una madre unidos en matrimonio.
La adopción debe tener en mira ese interés integral de los niños, y no el deseo
de los adultos.
Los problemas de la procreación artificial
26. La Iglesia considera que la fecundación artificial
debería ser prohibida por las objeciones éticas y jurídicas que merece. Sin
perjuicio de ello, en caso que se lleve adelante la fecundación extracorpórea,
el ser humano concebido de esta manera tiene, como ya hemos dicho, el mismo
estatuto, dignidad y derechos que cualquier otro. En el derecho comparado
podemos ver que existen países que han limitado los daños provocados por el uso
de estas técnicas, restringiendo el acceso a ellas a los matrimonios formados
por varón y mujer, y prohibiendo la crioconservación de embriones, entre otras
restricciones.
27. El Anteproyecto ha optado por regular sólo algunas
consecuencias de la reproducción artificial, lo que deja abiertas múltiples
cuestiones. Pareciera que cualquier cosa es lícita en esta materia, librada al
novedoso concepto de la “voluntad procreacional” de pretensos progenitores, por
la que no es padre o madre quien realmente lo es, sino quien quiere serlo para
satisfacer un deseo propio.
28. En ese marco, es particularmente grave la posibilidad
de fecundación post mortem -admitida en el Anteproyecto-, que no respeta el
derecho de los niños a ser criados por sus padres en la medida de lo posible. A
diferencia del caso en que una madre esté encinta y enviude antes de dar a luz,
en el que la orfandad surge de un imponderable de la naturaleza, la Iglesia
considera que no es aceptable crear deliberadamente orfandades amparadas por la
ley. Como tampoco lo es atribuir la filiación de un niño a dos personas del
mismo sexo, privándolo del bien de un padre y una madre.
29. En cambio, resulta loable la disposición que prohíbe
la manipulación genética en los embriones.
Proteger y dignificar a la mujer
30. Reconocemos con satisfacción que hay un esfuerzo en
el Anteproyecto por atender con delicadeza a la protección de los derechos de
la mujer. Pero al mismo tiempo, resulta agraviante a la dignidad de las mujeres
y de los niños la posibilidad de la existencia del alquiler de vientres,
denominado eufemísticamente maternidad subrogada o gestación por sustitución.
31. La regulación de la maternidad subrogada no ha surgido
de un reclamo social ni es consistente con las tradiciones jurídicas,
principios, valores y costumbres del pueblo argentino, que hasta hoy considera
nulo a este tipo de contrato por la inmoralidad de su objeto. El “alquiler de
vientres” degrada a la mujer gestante, arriesga crear más desigualdad por la
explotación para estos fines de mujeres pobres, y desconoce el profundo vínculo
psicológico que se establece entre ella y el niño al que da a luz.
Los derechos personalísimos
32. Más allá de las particularidades de su regulación,
que pueden ser en algunos casos opinables, resulta encomiable que el
Anteproyecto se ocupe de la protección de los derechos personalísimos.
33. Es imprescindible que al prever en ese marco la
posibilidad de dar directivas anticipadas respecto de la propia salud, la prohibición
de la eutanasia quede suficientemente clara en la ley.
34. Es positiva la previsión contenida en el Anteproyecto
acerca de las exequias de las personas, que da cuenta del respeto debido al cuerpo
humano aún después de la muerte. Sin embargo, sería oportuno que se prevea en
forma expresa la necesidad de respetar las creencias y principios religiosos
del fallecido, tal como se hacía en proyectos anteriores que sin duda han sido
fuente del actual en ésta y otras materias.
Necesidad de un amplio debate
35. Como ciudadanos y pastores, nos congratulamos del
anuncio realizado por la Señora Presidenta de la Nación de que el proyecto de Código
Civil será sometido a un amplio debate antes de su aprobación.
36. Sabemos bien que una obra legislativa de esta magnitud
tiene una arquitectura compleja y delicada, que no admite recortes, adiciones o
cambios inopinados. Esa dificultad, más que desalentar el debate, debería ser motivo
de estudios profundos y de propuestas meditadas y serias, que cuenten con el
tiempo necesario para su formulación y estudio.
37. En ese sentido, exhortamos a los juristas, los
colegios profesionales y las facultades de Derecho -en primer lugar, por
nuestra directa responsabilidad, a aquellas pertenecientes a las universidades
católicas- a comprometerse en esta tarea noble y ardua, que hace a la vida y
cultura de la Nación.
38. En el marco de la 103ª Asamblea Plenaria de la
Conferencia Episcopal Argentina, hemos querido proponer como Iglesia,
comprometidos con la vida de nuestra Patria y el bien de nuestros hermanos,
estas reflexiones que están orientadas a contribuir a la mejor reforma del
Código Civil, en temas que consideramos de mayor importancia en orden a
garantizar la dignidad de la vida concebida, el valor del matrimonio y la
familia, y la protección de todos los derechos del niño. En este momento que
consideramos de trascendencia histórica para la vida de nuestra Patria, invocamos
la protección de la Virgen María, Nuestra Madre de Luján, Patrona de la Argentina.
103ª Asamblea Plenaria Conferencia Episcopal Argentina
27 de abril de 2012
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Gracias por participar comentando! Por favor, no te olvides de incluir tu nombre y ciudad de residencia al finalizar tu comentario.